1858. Virgen de Lourdes

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La advocación católica de “Nuestra Señora de Lourdes” hace referencia a las dieciocho apariciones de la Virgen María, que Bernadette Soubirous (1844-1879) sostuvo en la gruta de Massabielle.

El Papa Pio IX autorizó la veneración de la Virgen María en Lourdes en 1862, unos 17 años antes de la muerte de Bernadette.

Bernadette Soubirous fue proclamada Santa por Pio XI el 8 de diciembre de 1933. Desde entonces, la advocación de la Virgen María como Nuestra Señora de Lourdes, ha sido motivo de gran veneración. Su santuario es uno de los más visitados del mundo: Unos 8 000 000 de personas peregrinan allí cada año.

Bernadette, una adolescente pobre y analfabeta de 14 años, asegura haber visto en 18 ocasiones a la Virgen María en una gruta de Massabielle, entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858.

En la tercera aparición la niña habló con la Señora en gascón (dialecto), la cual se dirigió a ella usando el “Usted” de cortesía y pidiéndole:
“¿Me haría Usted el favor de venir aquí durante quince días”?
Bernadette le prometió que lo haría.
A su vez, la Señora le anunció que no le prometía hacerla feliz en éste mundo, sino en el otro.
En sucesivas apariciones, el mensaje fue tomando cuerpo:
Invitación a la Penitencia y a la oración por los pecadores.

Invitación a vivir una pobreza más evangélica.

Solicita que se hicieran procesiones a la gruta y le fuera erigida allí una capilla.

El 25 de febrero, la Virgen le dijo que fuera a tomar agua de la fuente y que comiera de las plantas que crecían libremente allí.

Bernadette interpretó que debía ir a tomar agua del cercano rio Gave, y hacia allá se dirigió. Pero la Señora le enseñó con el dedo que escarbara en el suelo. Al excavar en el fango e intentar beber, Bernadette ensució su rostro. Sus gestos y apariencia fueron motivo de escepticismo por parte de muchas de las 350 personas presentes, ya que el manantial no se manifestó de inmediato. Sin embargo, poco después, surgió una fuente de agua que, hasta el día de hoy, es meta de peregrinaciones por parte de muchos católicos y ha sido causa de numerosos milagros. El manantial que brotó aquel 25 de febrero de 1858, produce cien mil litros de agua por día, de forma continua hasta nuestros días.

Ante la reiterada petición de Bernadette, de que revelara su nombre, la Señora le dice: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. La expresión resultaba ajena al vocabulario de Bernadette y, en principio, fue motivo de desconcierto, tanto en el propio padre Peymarale, párroco de Lourdes, como en otras autoridades eclesiásticas y civiles. Sin embargo, Bernadette Soubirous mantuvo una consistente actitud de calma durante todos los incisivos interrogatorios que se le hicieron, sin cambiar su historia, ni su actitud, ni pretender tener conocimiento más allá de lo dicho, respecto a las visiones descritas.

La imagen de la Virgen de Lourdes, que los fieles veneran, sigue en general, la descripción que Bernadette hiciera de la Señora:
Joven, vestido blanco, una cinta azul en la cintura, las manos juntas en actitud orante, un rosario colgando del brazo, una rosa dorada en cada pie.

La persona más joven que se considera haber recibido la gracia, fue una niña de 2 años: Justin Bouhort de Lourdes, que padecía hipotrepsia crónica y retardo del desarrollo motor. El más reciente reconocimiento de un milagro por parte de la Iglesia Católica, sobrevino en el año 2005. Asimismo, se reconoció que 6 milagros tuvieron lugar por intercesión de Nuestra Señora de Lourdes, sin que los enfermos viajaran a Lourdes. La mayoría de los milagros se produjeron por contacto con el agua de Lourdes , en 49 de los 67 ocasiones.

Algunos de los 67 casos de curación considerados milagrosos por la Iglesia Católica son los siguientes:
1902 María Bailly (ver detalle al final del articulo)
1948 Jeanne Fretel. 1952 Leo Schwager y Alicia Couteault.1953 Mario Bigot.1954 Ginette Nouvel.1958 Elisa Aloi.1959 Juliette Tamburini.1987 Jean-Pierre Bély.


El Caso Bailly
María Bailly nació en 1878. Ella tenía veinte años cuando se evidenciaron por primera vez los síntomas de la tuberculosis pulmonar. Un año más tarde se le diagnosticó meningitis tuberculosa, de la cual se recuperó repentinamente, cuando utilizó agua de Lourdes. Dos años más tarde, en 1901, sufrió peritonitis tuberculosa. Poco después, ya no podía retener los alimentos. En marzo 1902, los médicos en Lyon se negaron a operarla por miedo de que ella muriera en la mesa de operaciones.

El 25 de mayo de 1902, rogó a sus amigos que la metieran de contrabando en un tren que llevaba enfermos a Lourdes. Ella era objeto de transporte ilícito, ya que, por regla general, estaba prohibido llevar a gente moribunda en esos trenes.

A las 2 de la mañana siguiente, ella se estaba muriendo. Se llamó al médico Alexis Carrel. Él le suministró morfina a la luz de una lámpara de kerosene y permaneció con ella. Tres horas más tarde, él diagnosticó este caso como peritonitis tuberculosa y dijo que no iba a llegar a Lourdes con vida.

En Lourdes Marie Bailly fue examinada por varios médicos. El 27 de mayo, ella insistió en ser llevada a la gruta, aunque los médicos, entre ellos Carrel, temían que ella muriera en el camino.

Al llegar a los baños contiguos a la gruta, no se le permitió la inmersión. Pidió que se derramara un poco de agua de los baños sobre su abdomen. Esto le causó un dolor punzante en todo el cuerpo. La segunda vez, ella sintió mucho menos dolor. Cuando el agua se vertió sobre su abdomen por tercera vez, le dio una sensación muy agradable.

El abdomen, enormemente hinchado y muy duro, comenzó a aplanarse y, en un plazo de 30 minutos había desaparecido por completo la hinchazón. Ella fue llevada primero a la basílica y a continuación a la Oficina Médica, donde fue examinada de nuevo por varios médicos, entre ellos Carrel. Por la noche, ella se sentó en su cama y cenó sin vomitar. A la mañana siguiente, se levantó por sí misma y ya estaba vestida cuando Carrel la volvió a ver.

Carrel no podía dejar de registrar que ella estaba curada.

“¿Que vas a hacer con tu vida ahora?” le preguntó Carrel.

“Me uniré a las Hermanas de Caridad para pasar mi vida cuidando a los enfermos”, fue la respuesta de Marie.
Al día siguiente ella se subió al tren por su cuenta y, después de 24 horas de duros asientos, llegó renovada a Lyon. Allí tomó el tranvía y se fue a la casa familiar, donde tendría que “probar” que ella realmente era Marie Bailly, la misma que sólo cinco días antes, había salido de Lyon en un estado lamentable. Ella murió en 1937 a la edad de 58 años.

El doctor Carrel, agnóstico, antes de morir, el 5 de noviembre de 1944, pidió los sacramentos. Otro converso de “Nuestra Señora de Lourdes”.