1893. Berta Francisca Petit

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Berta Francisca, a la edad de cuatro años, tuvo la primera manifestación de la Virgen María. Poco después, en la capilla de las religiosas de la Unión del Sagrado Corazón, vio abrirse el tabernáculo y al Niño Jesús venir hacia ella. Haciéndole una cruz en la frente, le dijo:

”Tú has de sufrir siempre, pero yo estaré contigo”.

Desde los 38 años hasta los 73 no se alimentó más que con café negro, que expulsaba una hora después. Solamente la Sagrada Comunión la sostenía:
“Tu verdadero alimento soy Yo”, le dijo en distintas ocasiones Jesús.

En la noche de Navidad de 1893, se ofreció a Dios como víctima por las almas de los sacerdotes.
En distintas ocasiones le fue revelado que su misión en la tierra, consistiría en obtener la Consagración Mundial al Corazón Doloroso e Inmaculado de María.

Un día Nuestro Señor le comunicó: “El Corazón de Mi Madre tiene el derecho al título de “Dolorosa, que debe de preceder al de Inmaculada, ya que Ella se lo ganó con sus merecimientos. La Iglesia ha reconocido en Mí Madre lo que Yo hice por Ella: Su Concepción Inmaculada. Su inmolación en el Calvario fue aceptada en plena correspondencia. Mi Madre se mostró especialmente heroica. Por eso pido que esta invocación, tal como la he dictado, sea aprobada y extendida por toda la Iglesia, tal como si fuera dirigida a mí corazón. Por medio de Ella se han obtenido y se obtendrán muchas gracias.

Se propagará, mientras esperamos la exaltación de la Santa Iglesia y la renovación del mundo, que se lograrán por la consagración del mundo y toda la humanidad al Corazón Dolorido de la Inmaculada Virgen María”.

Los sucesos sobrenaturales de Berta Petit estuvieron relacionados con los acontecimientos políticos y sociales, precursores de la Primera Guerra Mundial. El 12 de septiembre dio al Emperador Austro-Húngaro el siguiente aviso:
”Un asesinato doble matará al sucesor del viejo soberano. Este será el primero de los hechos dolorosos, pero útiles según mis designios.

El 28 de junio de 1914, el Archiduque heredero y su esposa, fueron asesinados en Sarajevo y estalló la Primera Guerra Mundial.

Al día siguiente, Nuestro Señor manifestó a Berta:
”Desde este momento empezarán los sucesos, que conducirán a la gran manifestación de mi justicia”