1876. María Consuelo de los Afligidos

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Mettenbuch es una ciudad en Baviera que se hizo famosa, a causa de intensos acontecimientos sobrenaturales registrados en las proximidades de Metten, durante el período del “Kulturkampf”, (el conflicto entre el Imperio Alemán (protestante) y la Iglesia Católica). Las apariciones se han manifestado entre el 1° y 21° de diciembre de 1876 y de nuevo en 1878.

Los videntes principales eran Karolina Kraus, Francisco Javier Kraus, Teresa Liebl y Matilda Sack. Todos tenían edades entre 8 y 14 años.

En octubre de 1876, algunas personas informaron sobre fenómenos luminosos acaecidos en el bosque adyacente a Mettenbuch, en la cima de un barranco. Las luces no se mostraban todas las noches y cuando lo hacían, las veían solo los 4 niños. Ninguno de los adultos las podía ver.

El 1° de diciembre, entre las 19 y 20 hrs., tres niños estaban rezando junto con otras personas, en la entrada del bosque. De repente vieron aparecer una luz diáfana que se hacía más y más intensa y adquiría la apariencia del Niño Jesús. La aparición duró 2 minutos.

El 2 de diciembre Catherine, de seis años y Francisco Javier de diez, vieron a Jesús de nuevo. El niño apareció sentado en el regazo de su madre, que a su vez estaba sentada en una silla. Nuestra Señora mostró una cara llena de gozo inefable, vestida con una túnica azul. Ella dijo a los muchachos:
“Yo soy el Consuelo de los Afligidos”.

Detrás de ella apareció la figura de San José y La Señora dijo:
“En este lugar se debe construir una capilla, una capilla sencilla”.
Aconsejó a los niños que se confesaran.

El 3 de diciembre los videntes fueron al mismo lugar de las apariciones. Después de un rato Francisco Javier vio al Niño Jesús, envuelto en un magnifico esplendor. Entonces oyó la voz del Niño que le dice:
“Yo soy el Divino Niño Jesús.”

Más distante aparece una figura femenina majestuosa, con un vestido largo y un velo que cubre su cabeza, como una monja. Javier recuerda que la mujer pronunciaba la palabra “María” y otro término que él no entendió.

Al día siguiente volvió al lugar de las apariciones y vio a la Señora, que le comunicó a través de locución interior, los títulos de la devoción, los cuales, al primer momento, no comprendió:
“Consoladora de los Afligidos, Reina del Cielo y Santísima Virgen.”

También el mismo día, mientras Francisco se encontraba con su amigo Eckl, apareció ante ellos la Virgen rodeada de un aura luminoso. Los dos se arrodillaron, conmovidos por tal esplendor. Sólo Francisco oyó a la Virgen que le dijo:
“Ponte de rodillas en el barro, ahora recibiré tu agradecimiento.”

Los dos buscaban un lugar donde arrodillarse, mientras María desapareció.

En un lugar apareció la figura del Salvador, clavada en una cruz de 3 metros de altura, sin inscripción. Los pies de Jesús estaban cerca de un metro sobre el suelo y había una corona verde con espinas en su cabeza. De sus manos y su cuerpo caía sangre. Los pies estaban colocados uno sobre el otro, atravesados por un clavo grande. La herida en el lado derecho del pecho, sangraba.

Francisco, lleno de dolor, se quedó durante media hora absorto en la contemplación. Después la imagen desapareció.

El 4 de diciembre Francisco retornó con Eckl al lugar, con la esperanza de volver a ver a la Madonna. Esperaron en oración un largo tiempo y, justo cuando estaban por irse del lugar, Francisco vio a la Madre de Dios rodeada por una luz radiante, sosteniendo al Niño Jesús en sus brazos. La aparición fue breve.

El 5 de diciembre, una vez más, Francisco y Eckl retornaron al lugar de las apariciones. Esta vez Francisco vio a la Madre de Dios rodeado de cuatro ángeles que estaban sentados en sillas de oro, alrededor de una mesa de oro. Las figuras celestiales llevaban en sus manos un folleto. Cuando la aparición desapareció, Francisco vio otras tres figuras que brillaban con luz sobrenatural. Reconoció por su vestimenta clerical, a San Francisco Javier.