1917. Virgen de Fátima, Portugal

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La historia de Fátima comienza en el año 1916, en plena Primera Guerra Mundial, cuando los tres niñitos, Lucia de 9 años, Francisco de 8 y Jacinta de 6 años, llevaban sus ovejas a pastar al valle de Cova de Iria. Era primavera y empezó a llover. Los niños fueron a la cueva, llamada ”Cabeco”. Después de almorzar, rezaron el rosario, como era su costumbre. Antes de terminar su oración sintieron un viento fuerte y, al mirar, notaron una luz extraña a lo lejos sobre el valle. Mientras la observaban, la luz se acercaba más y más hacia el sitio donde ellos estaban arrodillados. Finalmente la luz apareció en la misma entrada de la cueva. Ahí tomó la forma de un muchacho como de 15 años.

“No teman, yo soy el Ángel de la Paz, recen conmigo: Dios mío, Os creo, Os adoro, Os confío y Os amo. Imploro perdón por los que no Os creen, no Os adoran, no Os confían y no Os aman. Recen así, los Corazones de Jesús y María están atentos a vuestras súplicas.” Después el Ángel se retiró.
El Ángel vino una segunda vez, sin avisar, preguntando:
“¿Qué hacen? Recen sin cesar, ofrezcan oraciones y sacrificios al Todopoderoso”.
Lucia, confusa por las palabras, se atrevió a preguntar:
“Pero cómo, ¿cómo debemos sacrificarnos”?

El Ángel contestó:
“En todo lo que hagan ofrezcan un sacrificio a Dios para pagar por los pecados que le ofenden, sobre todo, acepten con sumisión los sufrimientos que Dios les va a mandar”.

¿”Pero cómo debemos sufrir? No estamos enfermos”, dijo Francisco. Pronto aprendió su significado, cuando su hermano mayor se enlistó en el Ejército, peleando en la Guerra Mundial. Igualmente se deprimió la pequeña Jacinta por la preocupación en su hogar por las cantidades de muertes en el campo de batalla. También el problema en la familia de Lucia, cuando su padre comenzó a gastar todo su dinero en la taberna.
Así empezaron a comprender el significado de sufrir y el misterio del pecado.

A fines de verano, llegó el Ángel a “El Cabeco” llevando en su mano un cáliz y, sobre él, una hostia sangrando. Luego dio la hostia a Lucia y el contenido del cáliz a Francisco y a Jacinta, diciendo: “Tomad y bebed del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, horriblemente ofendido por hombres ingratos. Haced reparación por sus crímenes y consuelen a Dios.”

Al mediodía del 13 de mayo de 1917, cuando pastoreaban su rebaño, los niños fueron sorprendidos por un repentino rayo y un relámpago. Mirando hacia arriba no vieron señal de tormenta. Otra vez vino el rayo y, temiendo una tormenta repentina, corrieron hacia la pequeña cueva, al llegar allí, tuvieron la sorpresa de ver a una bella Dama de pie sobre uno de los robles.

“No teman”, dijo la Señora.
Sin miedo Lucia le preguntó de dónde venía.
“Vengo del Cielo”.
“Del Cielo”, dijo Lucia, y preguntó “¿Iré al Cielo?”
“Si, y Jacinta también”.
“¿Y Francisco también ira al Cielo”?
Francisco, oyendo su nombre, se volvió y vio a las niñas mirando al árbol, y como no vio nada iba a tirar una piedra para ver que sucedía.
Lucia preguntó a la Dama: “¿Por qué es que Francisco no la ve?”
Nuestra Señora contestó: “Dile a Francisco que rece el rosario y me verá.”
Inmediatamente Francisco tomó su rosario y comenzó a rezar. Antes de terminar, sus ojos se abrieron y pudo ver la visión que lo cambió en uno de los más grandes apóstoles de la oración de estos tiempos. Porque el pequeño Francisco, como muchos de nosotros, pensaba que las oraciones no eran importantes.

En Junio Nuestra Señora regresó. Esta vez, después de repetir el mensaje de la oración, les pidió que añadieran entre cada década la invocación:
“O Jesús mío, perdone nuestros pecados, líbrenos del fuego del infierno, lleve al Cielo a todas las almas, especialmente a aquellas que necesitan más de Su misericordia”.

Una vez más pidió que hicieran sacrificios diariamente. Entonces, abriendo sus manos, que habían estado siempre juntas en oración, les reveló su Inmaculado Corazón rodeado de espinas, herido y sangrando.

La devoción al Inmaculado Corazón de María está clara en la oración que Ella les pidió que rezaran, después de cada sacrificio:
“O Jesús mío, es por amor a Vos, para la conversión de los pobres pecadores, en reparación al Inmaculado Corazón de María”.
El 13 de julio, después de repetir el mensaje de oración y sacrificio, Nuestra Señora, de pronto, abrió sus manos y una gran cantidad de luz pareció salir de ellas y penetró en la tierra. La tierra se abrió, revelando a los inocentes niños el terrible abismo del infierno.
“Ved el infierno donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlos, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”.

Entonces, en un resumen espantoso, Nuestra Señora dijo lo que le sucedería al mundo, si los hombres no cesaban de ofender a Dios. Les dijo como Dios iba a castigar a la humanidad por medio de guerras, hambre y persecución de la Iglesia.

“Vendré a pedir la consagración de Rusia a mí Inmaculado Corazón y la comunión de reparación de los primeros sábados”.

Ella dijo que Dios mandaría castigos, si sus súplicas no eran concedidas, y advirtió:
“Si mis súplicas son concedidas, Rusia se convertirá y habrá paz. Si no, Rusia esparcirá sus errores por el mundo, causando guerras y persecuciones a la Iglesia. Los Buenos serán martirizados y varias naciones serán aniquiladas, pero al fin mí Inmaculado Corazón triunfará”.

En septiembre de 1917 dijo a los niños:
“Digan que en octubre Yo les daré una señal tan grande que todos estarán obligados a creer en Mi.”

Y llegó el día. A pesar de la lluvia y el lodo, todas las carreteras a Fátima estaban atochadas por los curiosos. Entonces vieron el gran milagro del sol, el cual se puso de color rojo sangre y empezó a bailar en el cielo, luego empezó a bajar y acercarse a la multitud de 70 000 personas, que observaron horrorizados, pensando que el fin del mundo había llegado.

Todos llorando y gimiendo:
“Virgen Santísima, no nos lleves con nuestros pecados”.
Después de un rato, el sol volvió a su normal ubicación y dejó de llover.

Lucia entregó el Tercer Secreto al Papa y este quedó guardado en el Vaticano. Su real contenido aparentemente nunca fue publicado, pero su posible significado se puede apreciar en las apariciones de Garabandal, Akita y Medjugorge. Fátima es la aparición mariana más importante.
Francisco y Jacinta murieron poco después de las apariciones, tal como les había pronosticado la Virgen. Sor Lucia murió en el año 2002.

El año 1917, en octubre, se produce la Revolución Bolchevique en San Petersburgo.
Entre 1917 y 1987, el total de muertos por los comunistas  fue la escalofriante suma de 62 000 000 personas.
El año 1918, se firma el Pacto de Versailles, que pone fin a la Primera Guerra Mundial.