1918. Apariciones a Sor Natalia Magdolna

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El año 1918, a los 17 años, Natalia entra al convento de Pozsony, en Hungría. Más tarde vivió en los conventos de Budapest y de Keeskemet, donde empezó a tener locuciones interiores y visiones sobre el destino de Hungría y del mundo. Ya desde niña había tenido fuertes experiencias místicas. La mayoría de estos mensajes los escribió entre los años 1939 y 1943. 

Durante la Segunda Guerra Mundial aconsejó al Papa Pio XII que no fuera a Castelgandolfo, porque sería bombardeado, como de hecho ocurrió. Transmitió mensajes muy duros a la jerarquía católica de Hungría: Que repartieran sus riquezas a los pobres, que dejaran sus palacios y que comenzaran hacer penitencia.

Para muchos este llamado no solo era una locura, sino un absurdo. Solo después de la guerra, en 1945, con el Cardenal Mindszenty, empezó el movimiento de reparación en serio. El Cardenal quiso construir una capilla en Budapest y concretar la formación de una nueva orden de religiosas, cuya finalidad sería el hacer reparación y penitencia por los pecados de la nación. Pero las autoridades comunistas no solo prohibieron la fundación de la nueva orden, sino que dispersaron las ya existentes. El ejército rojo y más aún los traidores comunistas húngaros, hicieron mártires por miles, entre ellos el obispo de Gyor. Sor Natalia tuvo que vivir escondida. El año 1981 empezó de nuevo a escribir su diario “Los Mensajes”.

El año 1983 la Virgen le dictó largos mensajes sobre la pasión de su hijo, como por ejemplo:

“Ustedes, queridos hijos, deben todavía compartir, con mayor fervor, los sentimientos del Salvador. Miren con compasión como sudó sangre en el huerto de los Olivos, miren sus cadenas, las sogas, como fue arrastrado de un juez a otro, los salivazos en el rostro, las diferentes torturas a que fue sometido, como fue azotado, el manto de burla, la corona de espinas, el peso de la cruz, sus caídas y dolorosos encuentros. De corazón deben ustedes seguirle hasta llegar al monte Calvario y verlo allí, desde que le quitan sus vestidos y lo crucifican. Colgado de la cruz, empapado de sangre en la agonía, cuánto dolor, cuánto tormento, hasta exclamar: “¡Todo está consumado!”

Año 1920, de abril a octubre Guerra Polaco – Soviética.