1944. Adelaide Roncalli, Italia

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El 13 de mayo de 1944, la Sagrada Familia, se le apareció a Adelaide Roncalli, de 7 años de edad. Nuestra Señora, la Madre de la Unidad y Reina de la Paz, escogió a esta simple muchacha de Bonate.

Fue ella, la elegida para lanzar los mensajes de Nuestra Señora al mundo. Ella apareció durante trece días en dos ciclos; El primero del 13 al 21 de mayo y el segundo del 28 al 31 de mayo de 1944. La Señora le dijo:
“Tú sufrirás mucho, pero no llores, porque después tú vendrás conmigo al paraíso. En este valle de verdaderos dolores tú serás una pequeña mártir.”

Adelaide era demasiado pequeña para comprender la gravedad de estas palabras. Después de las apariciones, se asustó y se aisló. Fue tan atormentada psicológicamente, que al final alguien, el 15 de septiembre de 1945, hizo que escribiera una escritura de retractación, que pesará como un canto rodado en el proceso de reconocimiento de las apariciones.

El 12 de julio de 1946, negó la retractación que le habían dictado y procedió a reafirmar la veracidad de las apariciones por escrito, pero desgraciadamente no tuvo los resultados esperados. El 30 de abril de 1948 el obispo de Bérgamo, Monseñor Bernareggi, envió el decreto de “non consta”, prohibiendo todo tipo de devoción a las apariciones de Nuestra Señora de Ghiaie de Bonate.

Movida de aquí y para allá, contra su voluntad, sin saber sus padres de esto, fue burlada y humillada. Adelaide soportó y llevó esta cruz fuera de su casa.

A la edad de 15 años obtuvo el permiso del obispo para entrar en el convento de las Monjas Sacramentinas de Bérgamo. Muerto el obispo, alguien tuvo éxito con la idea de hacer resurgir los acontecimientos de 1944, hacerla renunciar al convento y obligarla a abdicar de sus ideas de que la Virgen María se había manifestado en ella. Esta renuncia le trajo mucho sufrimiento y una larga enfermedad.

Cualquier adolescente de su edad hubiera salido destruida de una vivencia como la suya. Pero Adelaide era fuerte y se sobrepuso. Se cansó de esperar que la puerta del convento se volviera a abrir y optó por casarse. Se fue a Milán, donde consagró su vida a su profesión, que era la de enfermera. Pasaron los años y Adelaide guardaba el silencio impuesto por su Superior.

Finalmente, valiéndose de la ley de los decretos del Concilio Vaticano II, sujeto a la información, Adelaide se siente liberada de las prohibiciones que le habían sido impuestas. Se decidió a reafirmar solemne y oficialmente, delante del notario, la veracidad de las apariciones, el 20 de febrero de 1989.