1947. Virgen de Tre Fontane, Italia

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Bruno Cornacchiola, el 7 de mayo 1936 contrae matrimonio con Yolanda Lo Gatto por la Iglesia Católica. Él era partidario de Los Rojos, encendidos de odio contra la Iglesia y la perseguían brutalmente. Conoció a un alemán protestante, quien empezó a instruirlo. Éste lo puso en contra de la Virgen, de la Eucaristía y creó en él un odio férreo a la Iglesia Católica y al Santo Padre.

Cuando terminó la guerra se dirigió a Roma y con la intención de matar al Santo Padre, compró un puñal y gravó sobre él: “Muerte al Papa”.

Al regresar a su casa no tenía deseos de ver a su esposa, ni a su niña, a la que aún no conocía. Cegado por su odio contra la Iglesia, lo único que deseaba, era decirle a su esposa que debía repudiar a la Iglesia Católica. Su esposa no se dejaba convencer y Bruno empezó a maltratarla a tal punto, que ella finalmente accedió al cambio de religión. Bruno, siendo uno de los líderes de la juventud misionera, tenía que hacer una presentación en abril de 1947. Decidió llevar a sus hijos a un lugar tranquilo donde le permitiría estudiar la Biblia. Su esposa quedó en casa, pues estaba esperando a otro hijo.

En el camino decidió descansar con los niños en un campo cercano a la abadía de Tre Fontana. Mientras sus hijos jugaban a la pelota, Bruno leía la Biblia. En algún momento los niños habían perdido la pelota y no la podían encontrar. Bruno la encontró y se puso a jugar con ellos. En uno de sus tiros, la pelota, extrañamente, se elevó y desapareció. Llegado el momento de irse, buscaron al pequeño Juan Franco, a quien habían dejado al pie de un árbol. Lo encontraron de rodillas al pie de la gruta, sonriendo y como conversando con alguien.

“Bella Señora, bella Señora”. Bruno se enojó pensando que se trataba de una broma. Llamó a Carlos para que buscara a su hermano y este, al llegar a la gruta también cayó de rodillas, exclamando lo mismo. Al final fue Bruno y quiso levantar a los niños, pero eran tan pesados que no podía. Aterrado levantó sus ojos al cielo y gritó: ”Dios mío, sálvanos”.

Apenas pronunció ese grito, todo en su alrededor se volvió oscuro y sintió un dolor agudo en sus ojos, luego, dos manos blancas se apoyaron sobre sus ojos, como con un velo. Cayo de rodillas y una luz muy grande iluminó la gruta. Luego se formó la figura de una mujer de apariencia humana, vestida de una túnica blanca. En su mano derecha sostenía la Biblia. La Virgen extendió el brazo izquierdo, mostrándole una sotana negra y un crucifijo roto, los mismos que él un día había roto. Con una dulce voz le dijo: “Soy la que está en la Trinidad divina. Soy la Virgen de la Revelación. Tú me has perseguido. ¡Basta! Entra en el redil. Obedece a la autoridad del Santo Padre.”

La Virgen le habla bastante rato. Entre otras cosas, le habla de su Asunción al Cielo. ”Mi cuerpo no podía marchitarse y no se marchitó”. Entonces le indica al vidente como podrá reconocer a los sacerdotes que ayudarán a reconciliarse con Dios y con el Papa, a quien tenía la intención de asesinar con un puñal.

En esta primera aparición, la Virgen le reveló toda la doctrina Católica, le pidió que se confesara y se reconciliara con la Iglesia.
Al regresar a su casa contó todo lo acontecido a su mujer. Los dos, después de buscar la ayuda indicada por la Virgen, volvieron a la Iglesia Católica. El 7 de mayo de 1947 abjuraron sus errores.

Hubo otras tres apariciones: En la del 23 de mayo, Bruno fue con un sacerdote y un muchacho comunista a la gruta. El muchacho, sin saber de las apariciones, al entrar en la gruta, cae de rodillas, confiesa sus pecados, pide perdón y se convierte.

El 9 de diciembre de 1949, Bruno visitó al Papa, entregándole en sus manos la Biblia Protestante y el puñal con el que había pretendido matarlo. Pidió perdón al Papa y le contó todo lo que le había pasado.

En la tarde del 12 de abril de 1980, Sábado de la Semana Santa, se celebró una misa en la gruta de las apariciones. Había 3000 personas presentes.

El vidente ya había anunciado, según le había manifestado la Virgen, el 7 de noviembre de 1979, que en esa misa iba a suceder algo extraordinario. Efectivamente, al momento de la consagración, de pronto se hizo posible mirar al sol de frente. Pietro Santiángelo, capellán de la Pía Asociación, fundada por Bruno, relata los fenómenos prodigiosos que todo el mundo vio.

El sol se levantó hasta el cenit, dando vueltas sobre su propio eje y despidiendo rayos de todos colores hacia todas partes. Todos se asustaron, unos lloraban o gritaban, otros suplicaban en voz alta a la Santísima Virgen.

En los treinta años que han pasado desde la primera aparición, Bruno ha recorrido todo el mundo para hablar de la Virgen, dando más de 7 000 conferencias. A los setenta y siete años decide abandonar la intensa actividad.