1948. Nuestra Señora de todas las Gracias de Lipa, Filipinas

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La ciudad de Lipa fue una de las ciudades más devastadas por los invasores japoneses durante la II Guerra Mundial.

Teresita Castillo, desde pequeña, solo deseaba ser monja, pero su familia se lo prohibió. Un día, ella huyó de la casa y entró en la Comunidad de las Carmelitas.

Un hermano de ella fue al Convento con una pistola para matarla. Mientras discutían, a través de la reja, ella le dijo: “¿Quieres matarme? Entonces hazlo ahora mismo. ¿Crees que si me matas te llevarías mi cuerpo? No. Yo estoy aquí y aquí voy a ser enterrada.”

Durante la tarde del 18 de agosto de 1948, Teresita, cuando se dirigía a su habitación, sintió una agradable e intensa fragancia. Cuando entró en su pieza vio a alguien sentado en su cama. Una luz cegadora cubría toda la habitación, así que ella no era capaz de ver los muebles ni las paredes. Quien estaba ahí era una dama muy hermosa vestida de blanco, que, aparentemente, la esperaba a ella y le habló:
“No temas, hija mía, Él, a quien amas por encima de todo el mundo, me ha enviado. Vengo con un mensaje. Tú has tenido una larga y feroz batalla con tus enemigos. Esto me ha causado mucho dolor. Pero ya no te molestarán, a menos que haya un último asalto fuerte. No tengas miedo, sé valiente.”

La conversación con la Señora duró 25 minutos, luego la Dama desapareció.

El 19 de agosto la Señora entró nuevamente en la celda de Teresita y le dijo:
“La Madre Superiora hizo una sabia decisión en obediencia a mí. Ahora que me has dado prueba de tu humildad y la Madre de su simplicidad, ambas estarán siempre bajo mi manto.”

Al día siguiente, cuando Teresita estaba arreglando su cama, oyó un sonido parecido a un aleteo. Algo cayó sobre las sabanas. Eran pétalos frescos, cayendo lentamente en la cama y en el suelo. Los que cayeron en el suelo formaron una cruz. Teresita llamó inmediatamente a la Madre Superiora. Ella no dijo nada, recogió los pétanos y se fue.

Un día, mientras Teresita trataba de liberarse de una extraña y desagradable aparición, gritó: “No tengo ojos para ver tus indecencias”. Sintió como que su cuerpo se rompiera en dos mitades. La desagradable situación cesó completamente cuando sonó la campana. Cuando se encontró con la Superiora, ésta se dio cuenta que la agotada y cansada novicia estaba ciega.

Curiosamente, la Madre Cecilia reveló, que tenía conocimiento de la fecha en que Teresita recuperaría la vista: el 7 de septiembre de 1948.
Teresita, a causa de su ceguera, pidió una inicial del nombre de la Señora. La misteriosa Dama dejó tres letras: BVM.

El 30 de agosto de 1948, en presencia de la Madre Cecilia, Teresita pidió a la Señora que la autorizara a besar sus pies. Tocó los pies de la Señora y los encontró suaves y con una agradable fragancia.

El 7 de septiembre, el Obispo llegó al convento, se acercó a Teresita e hizo la señal de la cruz sobre ambos ojos. Inmediatamente la novicia recuperó su vista.

El 12 de septiembre, Teresita estaba rezando en el jardín del convento, cuando la vid que estaba delante de ella, se sacudió con violencia, a pesar que no había viento. Miró a la vid y con asombro escuchó la voz de la Señora. Ella le dijo que no tuviera miedo, que besara la tierra, lo que hizo. Pidió que hiciera todo lo que le dijera y que regresara durante 15 días seguidos al mismo lugar. El día después regresó al lugar y rezó. Después de unos minutos, vio una vez más a la viña moverse.

La misteriosa Señora se le apareció de pie sobre una nube, descalza y ataviada con un vestido de un blanco cegador. De sus manos colgaba un rosario de oro. Teresita, muy impresionada, preguntó a la Señora:
“Bella Señora ¿Quién eres?” La Dama respondió con gran ternura:
“Yo soy tu Madre, Yo soy la Madre de mi Hijo Jesús.”

Siguiendo la conversación, la Señora se centró en los comportamientos de los sacerdotes y de las religiosas. El orgullo era el único obstáculo para que volvieran al verdadero rebaño y la vergüenza había endurecido sus corazones.

Alarmante fue también el mensaje que decía que el Sagrado Corazón de Jesús sangraría de nuevo por todos los sacerdotes y religiosos que han caído.

La Virgen apareció el 14 y el 15 de septiembre. El obispo presidió el acontecimiento, junto con toda la comunidad de las monjas.
Después de la bendición, la Señora se le apareció a Teresita arrodillada. Esta era la primera vez que vieron en conjunto a Teresita extasiada. A pedido de la Señora besó la tierra y comió hierba para comprobar su obediencia. (La misma petición hecha por la Virgen a Bernadette Soubirous en Lourdes el año 1858).

El obispo, hasta ese momento escéptico con respecto a la aparición, oraba por una señal del Cielo para confirmar la veracidad de lo que estaba ocurriendo.

De pronto, una lluvia de pétanos comenzó a caer de la nada.

A las 5 de la tarde, la Virgen le esperaba con otra petición:
“Te lo pido para el Carmelo. Quiero que mi imagen se coloque aquí y que este lugar sea limpiado para poder convertirse en un santuario para la oración.
El 16 de septiembre la Virgen pide una estatua de ella.
Ella sigue apareciendo entre el 17 y 26 de septiembre, entregando mensajes de humildad, sencillez, penitencia y oración del rosario con devoción.

Dos monjas se burlaron de la Madre Superiora y de Teresita y no creían en las apariciones de la Virgen.

El 21 de septiembre de 1948, el mensaje de la Virgen fue muy concreto:
“A mi hija que no me crea, yo no obligo a nadie a creer, pero que no bloquee, ni rebaje mi lugar sagrado, ni desprecie mis palabras. Yo no obligo a escuchar, ni a obedecer, si no quiere, porque tiene libre albedrio, tampoco a honrarme el sábado, si no está dispuesta. Este será mi último mensaje para usted”.

El año 1951 se prohibió la veneración pública de Nuestra Señora.

El año 2009, el Arzobispo Ramón Argüelles de Lipa levantó la prohibición de la veneración pública de “Nuestra Señora Mediadora de Todas las Gracias”.

Años 1949-1987, China comunista, MaoTseTung. 35 000 000 de muertos.