1962. Nuestra Señora Milagrosa de las Rosas de San Damiano, Italia

06.Rosa Quattrini.SanDamiano

Cuando Federico Buzzini murió en el año 1910, su viuda, al volver del cementerio fue a la iglesia con sus cuatro pequeñas hijas. Delante del Santuario dijo:
“Jesús, confío en ti, que vas a sustituir a mi marido y al padre de mis hijas. Te consagro mis hijas, para que sean todas tus esposas. Que se haga tu voluntad, Jesús y no la nuestra.” Llamó al párroco y le pidió que bendijera a todos.

“Te doy mis hijas y yo misma para siempre”.

Tres de sus hijas entraron al convento y Rosa, la cuarta, se casó a los 28 años con Guiseppe Quattrini. En el tercer embarazo, el médico aconsejó un aborto terapéutico. Rosa se negó categóricamente, afirmando:
“Este niño es de Dios, él es el que me lo dio”. El parto era muy complicado y la salud de Rosa empeoró progresivamente. El 24 de septiembre una misteriosa dama la visitó. Poco antes del mediodía, una desconocida joven mujer tocó a la puerta. La tía Adele, que vivía con la familia, fue a abrir. La mujer, muy bonita, llevaba el traje de las campesinas de la región. La visita venía a buscar 500 liras para las obras del Padre Pio. La tía le contestó que entre todos no tenían más de 1000 liras, las cuales, por otra parte, se habían pedido prestadas. La visita se volvió hacia Rosa que guardaba cama en el fondo de la pieza.
“¿Tienes fe en el Padre Pio?” le preguntó.

“Si, tengo gran confianza en él. Le ruego hace tiempo, pero aún no me cura”.
“Si tienes confianza en el Padre Pio, él te hará curar”.
En ese momento sonó el mediodía y la dama le dijo:
“Recemos el Ángelus” y luego, acercándose a Rosa, añadió:
“Vamos, levántate”.
“No puedo levantarme, tengo dolores demasiado fuertes”.
“¡Dame la mano, trata!”
“No puedo”
“¡Dame la otra!”
Rosa se levantó y juntas rezaron el Ángelus. Tras el Ángelus, la dama añadió:
“Ahora digamos cinco Padrenuestro, Ave y Gloria por las intenciones del Padre Pio, en honor de las cinco heridas de nuestro Señor”.
La Dama trató las heridas de Rosa, las que se cerraron inmediatamente.
“Irás a ver al Padre Pio”.
“No tengo ni dinero, ni prenda de vestir”.
“Tendrás lo que sea necesario”
Cuando la Señora había salido, la tía Adele fue a pedir, frente a la imagen de Nuestra Señora:
“Madonna querida, asegúrame que el Padre Pio reciba estas 500 liras”.
Entonces oyó una voz fuerte, que era indudablemente la del Padre Pio:
“Cree y confía en la curación de Mamma Rosa”.
Algunos meses más tarde, en mayo de 1962, Rosa realizó un peregrinaje a San Giovanni Rotondo en Foggia, donde vivía el Padre Pio.
En la mañana, mientras rezaba el rosario en la plaza de la iglesia de San Giovanni, oyó repentinamente un llamado: “Rosa, Rosa”.
Se dio vuelta y vio con sorpresa a la Dama.
“¿Me reconoces?”
“Si”, respondió Rosa, ”eres la Dama que me ayudó para mi curación”.
“Soy la Madre de la Consolación, la Madre de los Afligidos. Dígalo en San Damián y al médico que no quiso creer en tu curación. Tras la misa, nos encontraremos y te acompañaré a ver al Padre Pio”.

Así fue. En cuanto estuvieron ante el Padre Pio, la Virgen desapareció.

El Padre recibió a Mamma Rosa y le ordenó a asistir a los enfermos, sobre todo espiritualmente, durante dos años.
Ella misma dice, que durante este período, oía una voz interior que le decía que debía volver a cuidar enfermos. Todos eran enfermos próximos a la muerte. Durante estos años fue muy a menudo a ver al Padre Pio, llevando enfermos. Cuando la tía Adele contrajo una pulmonía, fue de vuelta a verla. Cuando se confesó con el Padre, este le dijo que ya no dejara su casa, que rogara delante de la pequeña capilla de San Miguel, para que le ilumine, le guie, le asista y le defienda, ya que le ocurrirá un gran acontecimiento y que se prepare a rezar.
El 16 de octubre, mientras sonaba el mediodía del campanario, Rosa recitaba el Angelus, oyó una voz que la llamaba del exterior, con una voz suave:
“Rosa, Rosa, ven aquí, te espero”.

Rosa cuenta que vio una nube blanca descender del cielo, era una luz brillante y repleta de estrellas de oro y plata. Contenía también un número incalculable de pétalos de rosas de todos los colores, que caían, tapando el suelo del jardín. Un momento después, emergió de la nube un gran globo rojo que se ubicó sobre el peral. Entonces, la nube desapareció y la Madonna apareció rodeada con una viva luz. El manto de la Madonna era muy ligero y flotaba al viento, parecía cubrir el mundo entero Tenía un vestido azul con un cinturón blanco, desde donde colgaba un rosario con cuentas resplandecientes que terminaban en un crucifijo fulgurante, cuya imagen de Jesús crucificado parecía viva. “De sus manos salían grandes rayos luminosos que me tocaban la cara y todo mi ser”.

Nuestra Dama de las Rosas, recordando su papel de Madre, se instaló en este pequeño jardín y daba un mensaje:
“Mi pequeña, vengo de muy lejos, anuncia al mundo que todos deben rezar, que Jesús ya no puede llevar la cruz. Quiero que todos se salven. He venido para llevar al mundo a la oración, porque los castigos están cerca, volveré cada viernes y te daré mensajes que debes dar a conocer al mundo”.

“Soy solamente una pobre granjera, nadie me creerá, me encarcelarán”.
“No estés asustada, te dejaré un signo: Este árbol de peras florecerá”.

En el mismo momento Nuestra Señora desapareció de la vista y el árbol se cubrió de flores tan profusas que apenas se podía ver el follaje.
Nuestra Señora llamó a este lugar: Su pequeño Paraíso. La Virgen, después de esta aparición, dio muchos mensajes para el mundo, hasta la muerte de Mamma Rosa en 1981. De ese día en adelante la Virgen ha aparecida en el mismo lugar cada primer viernes de mes y ha continuado hasta hoy.

Año 1955, Guerra Civil del Sudan.
Año 1956, Guerra Suez-Sinaí. Jordania, Egipto y Siria contra Israel.
Años 1960-1996, Guerra Civil de Guatemala.
Años 1961-1993, Guerra de Independencia de Eritrea contra Etiopía.

Años 1962-1965, Concilio Vaticano II.
Convocado por Juan XXIII, quien lo anunció desde enero de 1959, tuvo cuatro sesiones. La primera presidió el mismo Papa, en 1962. Las otras tres etapas fueron convocadas y presididas por su sucesor, el Pontífice Pablo VI.