Año 1987. Nuestra Señora, Reina de la Paz de Anguera, Brasil

022.ns de anguera

El 29 de septiembre de 1987, Pedro Regis, que recién había cumplido 18 años, volvía del colegio en compañía de su amigo Celestino Cruz. De repente sintió que las fuerzas le faltaban y sentándose en el suelo, presintió que perdería el sentido y se desmayó, ya cerca de la casa. Mientras Celestino, asustado, corrió a la casa de Pedro en busca de ayuda, una hermosa dama ataviada con un vestido blanco de infinita luminosidad, (vestimenta que Pedro describió como un hábito de monja), lo tomó por los brazos sin ningún esfuerzo y lo alzó diciendo: ”Te voy a levantar”.

Pedro quedó extasiado con la visión y su pecho se llenó de una alegría como nunca antes había sentido. Sin embargo, en forma repentina, ella desapareció. Pedro, aún confuso por lo que le había sucedido, volvió a perder el sentido.

Después de ser llevado a la casa, Pedro permaneció desmayado durante dos horas. Al despertar preguntó por la monja que le había levantado del suelo. Todos se extrañaron, porque no había ninguna monja por esos lugares.

El 1° de octubre del mismo año, Pedro estaba en un cuarto conversando con dos de sus hermanas, cuando se desmayó nuevamente. Al recobrar el sentido vio a aquella Dama de Luz que lo había ayudado y pretendió presentarla a sus hermanas. Para su sorpresa, ellas no la veían. Ella le pidió que sus hermanas se retiraran. Las dos, aún confusas, salieron. Sin embargo espiaron por un hueco de la puerta y vieron que Pedro conversaba con alguien, mirando hacia un punto fijo de la habitación sin que se sintiera sonido alguno.

Ella le aconsejó contactar al primer sacerdote que le viniera al pensamiento, porque sería quien le ayudaría. Se le ocurrió el nombre del presbítero Hermenegildo de Castorano, párroco de Sao Gonzalo dos Campos. Le pidió también que su familia rezara el rosario todos los días y además le confió un secreto. Pedro llamó a sus hermanas y les dijo que la mujer vestida de monja estaba allí a su lado. Una de las hermanas preguntó: “¿Quién es esa monja?” Pedro contestó: “Es Nuestra Señora”, y comentó que le prometió que volvería.

Fueron a buscar al sacerdote y este, después de reflexionar un poco, repitió aquello que Nuestra Señora le había dicho: “Hijo, yo voy a ayudarte”.

En la tarde del 3 de octubre, cuando Pedro y su familia rezaban el rosario, se oyó una voz que lo llamaba desde fuera de su casa. Él le pidió a una de sus hermanas que fuera a ver quién era. Una de ellas salió al jardín y no vio a nadie. Sin embargo Pedro continuaba escuchando el llamado de forma cada vez más nítida y entonces reconoció la voz de aquella mujer. Decidió salir y, asustado, vio cerca del pozo, a unos 50 metros de distancia, una gran luz en forma de un arco que lo guió hacia el lugar. La madre y las hermanas trataron de retenerlo, pero una de sus hermanos vio un rayo de luz que fue hacia el lugar a donde Pedro se dirigía.

Cuando Pedro llegó cerca de la luz, como movido por una fuerza inexplicable, cayó de rodillas y fijó la mirada en un punto del horizonte. Vio, envuelta en luz, como vestida por el sol, a la misma mujer de las dos veces anteriores. Ella le pidió que continuara rezando, contara lo que había visto y que a partir de aquel día, quedaría curado de los desmayos, porque su enfermedad había sido una preparación para las apariciones. Entonces le dijo:
“No tengáis miedo, pues yo soy la Madre de Jesús y estoy aquí porque preciso de ti para ayudar a mis pobres hijos, que necesitan de mi auxilio”. Además, le pidió que hiciera una cruz de madera y la colocara en ese mismo lugar. De pronto, sonriendo, desapareció.

El 10 de febrero 1989 Pedro sufrió una parálisis en las piernas y quedó en cama sin poder moverse. Los médicos lo examinaron, pero no lograron diagnosticar el caso. Al cabo de una semana quedó nuevamente curado.

A lo largo de más de 20 años de apariciones, se le han dado más de dos mil mensajes. La Virgen llama en forma urgente y desesperada a la conversión de la humanidad. Si la humanidad no se convierte, un gran castigo vendrá.

Al mismo tiempo ofrece su consuelo: “Tengan confianza en mí, Jesús está con ustedes. Protéjanse en mi Inmaculado Corazón. Avancen con fe y confianza”.

El mensaje transmitido el 16 de enero de 2010 advierte de un gran sufrimiento en Chile. Un mes después Chile sufrió un devastador terremoto y tsunami.