Año 1990. María, Reina de la Paz de Kurescek, Eslovenia

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El Padre Spelic recibió mensajes de la Reina de la Paz desde 1990 a 1999.

Se mencionan solamente partes de ellos, porque en muchas apariciones, la Virgen vuelve a insistir en los mensajes anteriores, especialmente referente a los sacerdotes.

10 de Febrero de 1990: “Soy la Reina de la Paz. Renueven la oración en este lugar. Reúnanse aquí con el corazón de mi Hijo y el mío. Preparen un lugar para la celebración de la Santa Misa, para que el que la celebre, pueda estar bajo techo, hasta que construyan la casa donde me estableceré como la Reina de la Paz.

Mis hijas e hijos, ámense entre ustedes. El amor es más grande que Satanás, quien los va a tentar en muchas ocasiones. Aprendan de mis mensajes que di en Medjugorje. Oren mucho por los sacerdotes, especialmente por los que están en dificultades y pruebas. La fidelidad al cuarto mandamiento será gratificada. Serán premiados por la fidelidad y respeto hacia sus padres terrenales y celestiales.

Digan a mis hijos, los sacerdotes, que acudan a mí con amor. Mi corazón recibe a todos los sacerdotes, los fuertes y débiles, los fieles y caídos.

Sacerdotes, mis amados hijos, ámense entre ustedes y no juzguen a sus hermanos sacerdotes y sus indecencias.

Que los ejemplos de su intercesor, Santo Cura de Ars, los incentiven para que con agrado quieran recurrir a él, para que les consiga con su intervención aquellas virtudes, con las cuales él mismo logró su santificación.

No recen solo con la boca, recen con el corazón y el alma.

Cuídense del león rugiente, para que no los utilice para la división de la Iglesia, la familia y la sociedad. Perdonen para que sean perdonados.

¿Por qué no gritan e invitan a la reconciliación, por qué me mantienen a mí y a mis mensajes de Kurescek en la oscuridad?
Mis queridos hijos e hijas, hoy tengo un deseo especial: Protejan al Santo Padre Juan Pablo II con oración y fidelidad. Oren por el Cardenal infiel, por los obispos infieles y los sacerdotes que siembran discordia, escandalizan y son infieles al Santo Padre, la Iglesia y a Dios. Juan Pablo es mi hijo predilecto, escúchenlo y en el mundo habrá más paz, unidad y bendiciones.

Si la humanidad, los cristianos y especialmente los croatas, se dieron cuenta al menos ahora, que durante diez años les estuve invitando, advirtiendo y pidiendo que oren por la paz y trabajen por la reconciliación y la vida entregada a Dios. La mayoría no me aceptó a mí, embajadora de Dios, ni mis advertencias, ni las invitaciones a la consagración. Las consecuencias y pruebas son espantosas. Al Sur se están acumulando nubes amenazadoras. El peligro de guerra no amenaza más a Eslovenia, pero en ella irrumpe una peligrosa oscuridad espiritual. Esta tratará de introducirse astuta y silenciosamente en la vida y actividad cristiana”.