Año 636. Nuestra Señora de Boulogne

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Hacia el año 636, en tiempos del rey Dagoberto, un día, al caer la tarde, el pueblo de Boulogne estaba reunido en la capilla. Repentinamente apareció la Madre de Dios y dijo a los fieles que se dirigieran hacia la ribera, donde les esperaba una visita maravillosa. Ellos corrieron hacia el lugar señalado y ahí encontraron una barca sin velas, sin remos y sin mástiles. Sobre la embarcación estaba posada una estatua de la Virgen en madera. Los boloñeses preguntaron a la estatua su nombre. Ella respondió:
“Soy la abogada de los pecadores, fuente de gracia, fuente de piedad. Quiero que la luz divina descienda sobre vosotros y sobre vuestra ciudad. Amigos, haced edificar una iglesia en mi nombre.”
En el siglo XIII la importancia de Boulogne era como hoy día es Lourdes.
En el siglo XVI, el siglo de las guerras religiosas, los hugonotes se ensañan contra la catedral, quiebran los vitrales, queman los enmaderados y sobre todo, tratan de romper y quemar la estatua de la Virgen. Esta es finalmente lanzada entre un montón de estiércol y luego a un pozo.
La mujer de Huguenot, que era muy piadosa, la sacó secretamente del pozo y la escondió en su desván, donde permaneció más de treinta años, antes de volver a la catedral.
Durante la revolución francesa de 1789, las iglesias y conventos cristianos fueron declarados propiedades del Estado. El mobiliario fue vendido o destruido. La estatua de la berca fue quemada en 1793. La mano derecha, que se había desprendido antes, es el único vestigio de la estatua original. Se conserva en un relicario bajo el domo. En 1820 la catedral fue reconstruida por el abad Haffreingue.