Año 657. La casulla de San Idelfonso

casulla San Ildefonso Museo del Prado

Los padres de Ildefonso no podían tener hijos. La madre pidió a la Virgen muy fervorosamente que si Dios le concediera un hijo, lo consagraría al reino de Cristo y de su Santísima Madre. Esa gracia se le concedió: El hijo deseado nació en Toledo. Su madre lo adoctrinó en la práctica de todas las virtudes cristianas y en un amor grande hacia la Virgen María.
En contra de la voluntad de su padre, el hijo ingresó en el monasterio de Agalí y el 26 de noviembre de 657 fue nombrado abad del mismo convento.
Como escritor fue un buen representante del saber visigótico. Escribió, entre otros, “El Tratado de la Perpetua Virginidad de María.”
Una noche de diciembre, él y sus monjes fueron a la iglesia para cantar himnos en honor a la Virgen María. Cuando llegaron, encontraron la capilla brillando con una luz tan deslumbrante, que sintieron temor. Todos huyeron, menos Ildefonso y sus dos diáconos. Estos entraron y se acercaron al altar.
Ante ellos encontraron a “María de la Inmaculada Concepción”, sentada en la silla del obispo. María le hizo seña a Ildefonso para que se acercara y le dijo:
“Tú eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla, la cual, mi Hijo te envía de su tesorería”.
Habiendo dicho esto, la Virgen misma lo invistió, dándole las instrucciones de usarla solamente en los días festivos designados en su honor.
Esta aparición y la casulla fueron pruebas tan claras, que el Concilio de Toledo ordenó un día de fiesta especial para perpetuar el evento.

Tercer Concilio de Constantinopla, año 680.

El Papa San Agatón condenó solemnemente la herejía de quienes no admitían en Cristo una sola voluntad. (monoteístas).