s IX. Ícono de la Virgen María de Iverskaya

iconoRusoIverskayaEl primer icono de Iverskaya, que actualmente se conserva en un monasterio del Monte Athos, habría sido pintado por el Apóstol y Evangelista Lucas.

En el siglo IX el ícono de Iverskaya estaba en casa de una viuda que vivía cerca de Nicea. Durante el reinado del Emperador Teófilo, quien estaba en contra de los íconos, los soldados entraron en la casa de la viuda para confiscarlos, entre ellos estaba el de la Virgen María, pintado por el apóstol Lucas. Uno de los soldados asestó un golpe al ícono con su espada. Al instante salió sangre de la mejilla de la Virgen. Profundamente conmovido por este milagro, el soldado se arrepintió de haber cometido ese sacrilegio, dejó de apoyar la herejía que iba contra los íconos y al poco tiempo se recluyó en un monasterio, donde posteriormente se hizo monje. Siguiendo los consejos del soldado arrepentido, la viuda decidió ocultar el ícono de la Virgen María, para protegerlo contra ultrajes posteriores. Después de orar, lo colocó sobre las aguas del mar, alegrándose mucho cuando el icono se posicionó en forma vertical y comenzó a desplazarse hacia el oeste por las aguas.
Escapándose de la herejía de los iconoclastas, el hijo de la viuda dejó Nicea y se fue a Athos, donde pasó el resto de su vida como monje. De él, los monjes escucharon hablar sobre ese ícono, que su madre había dejado ir por el mar.
Años más tarde, el ícono apareció, de repente, rodeado de fuego, en las cercanías. En ese tiempo vivía en el monasterio el monje Gabriel, quien era de procedencia georgiana. La Virgen se le presentó en sueños y le indicó que le dijera al abad que Ella deseaba darles Su Icono como ayuda y protección. Solicitó a Gabriel que se dirigiera sin temor, caminando por las aguas, hacia el ícono y que lo tomase en sus manos. Cumpliendo las indicaciones de la Madre de Dios, Gabriel caminó por el agua, como si lo hiciera por tierra firme, tomó el ícono y lo llevó a la orilla. El ícono fue llevado al monasterio y colocado en el altar. Al día siguiente los monjes no lo hallaron en el mismo lugar; lo encontraron en la pared sobre el portón de la entrada del monasterio.
Volvieron a colocarlo en el altar, pero el día siguiente, nuevamente apareció arriba del portón de la entrada.
Esto se repitió varias veces, hasta que la Virgen reveló a Gabriel, que no deseaba ser protegida por otros iconos, sino que quería ser Ella la Protectora del Monasterio.
Consecuentemente, se edificó una iglesia en el lugar del portón principal, donde se conserva el icono hasta hoy.
En el año 1983, se entrevistó al chileno José Muñoz, ortodoxo ruso. Estos son algunos parajes de la extensa entrevista:
Hace casi un año atrás, dos de mis amigos y yo viajamos desde Canadá al Monte Athos. Yo tenía muchos deseos de visitar la celda de los Dardileos, en la cual hay una escuela donde todavía pintan íconos de acuerdo con las antiguas tradiciones. En el taller vi este icono de la Virgen. Nunca podré describir lo que sentí cuando lo vi. Les pedí a los monjes que me lo vendieran. Me dijeron que, precisamente este icono, no se vendía, ya que se trataba de uno de los primeros pintados en esa ermita. En la noche, cuando estuve en la misa, en el momento en que se cantaba el “Digno Es”, me hinqué y recé fervorosamente ante la Virgen María, clamando:
“Ya hice todo lo que humanamente se puede hacer, les ofrecí dinero e insistí muchísimo ante el prior del monasterio. Madre de Dios, ven con nosotros a América, porque te necesitamos”.
Al terminar la liturgia nos preparamos para salir de la ermita. En el momento de irnos, apareció el prior con el ícono envuelto en papel y me dijo que la Virgen quería viajar con nosotros a América…
Subimos al bote y cuando navegábamos en dirección a Dafae, yo escuché una fuerte voz interior que me decía con gran insistencia:
“Ve al monasterio de Iverskaya y coloca tu icono de la Virgen junto al famoso icono milagroso de la Virgen de Iverskaya que está allí”. Aceptando las indicaciones de esa voz, fuimos al monasterio de Iverskaya.
Al día siguiente, cuando comencé las oraciones matutinas, miré al icono y vi que de la mano de la Santísima Virgen María salían chorritos que escurrían hacia la parte inferior del icono. Tomé la imagen y la limpié, sintiendo que un agradable aroma procedía de él. El monje Ireneo me dijo que había que llevar el ícono a la iglesia y colocarlo en el “Trono”.
Hace poco estuve en Los Ángeles, donde conocí a una señora, cuyo hijo falleció en un accidente. Esa señora estaba acumulando píldoras tranquilizantes para tomarlas todas juntas y dejar de existir. Alguien la llevo a visitar el icono de la Virgen. Se impresionó tanto, que se confesó enseguida. Después me dijo:
“Me quería quitar la vida porque pensaba que Dios no estaba con nosotros y nos había abandonado, pero ahora veo que está aquí con nosotros en nuestra propia iglesia”.
Más tarde se curó un niño paralítico en la ciudad de Washington, D.C.
Otro caso sucedió en Montreal con el señor Sidoroff, que tenía cáncer de columna y no podía moverse. Fuimos a verlo al hospital donde rezamos juntos. En los días sucesivos su salud mejoró y finalmente salió caminando del hospital.
Otro caso: Una mujer padecía de pulmonía en un grado muy avanzado. Durante la Cuaresma pidió ir a la iglesia para que se rezara un “Te Deum” con himnos de alabanzas a la Virgen. El médico que la atendía le advirtió que no podía salir de su casa, porque la enfermedad se agravaría y podía morir. Aún con esta advertencia, ella fue a celebrar un “acto de gracia” a la Virgen en la iglesia. Al volver a su casa estaba completamente sana.

Cuarto Concilio de Constantinopla, año 869.

Convocado por el Papa Adriano II. Duró 2 años y tuvo como tema principal la condenación del patriarca Focio, autor del cisma oriental.