1508. Aparición de María liberó a San Jerónimo

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En 1508, los venecianos se levantaron en armas contra la Liga de Cambray. A Jerónimo Emiliani le fue confiada la difícil defensa de Castelnuovo. Este se negó a rendirse, cayendo finalmente prisionero. Fue encarcelado, cargado de cadenas en el cuello, brazos y pies.
En la cárcel, Jerónimo comenzó a acordarse de las enseñanzas de piedad y virtud recibidas como niño y del buen ejemplo de su madre y hermanos.
Consideró que llevaba una vida desordenada y apartado de Dios. Pidió la intercesión de Nuestra Señora de Treviso, que lo aceptare como expiación y le diera una oportunidad de reparar dignamente la vida pasada.
Lloró sus pecados y dijo a María:
“Madre, pide perdón a tu Hijo por todos mis pecados y concédeme la gracia de mostrarme cuál es el camino que debo seguir para ser fiel a Él y a Tí”.
Todavía no había acabado su oración, cuando se le apareció la Santísima Virgen entre gran esplendor, consolándole y le bendijo. Después le soltó las cadenas que le tenían atado y le entregó las llaves de la cárcel, para que abandonara el lugar y se dirigiera adonde Ella le mostraría. Lo auxilió a salir de la prisión sin ser visto y a atravesar el campo enemigo para llegar a Treviso. Allá, en el altar de la Virgen, dejó las cadenas y las llaves que le habían sido milagrosamente entregadas. Postrado ante un crucifijo, suplicaba:
“Oh Jesús, no seas un juez para mí, sino antes, sé mi Salvador”.
Adquirió la verdadera humildad y mansedumbre de corazón, volviéndose el hombre más afable y pacífico de Venecia.
En 1528 una gran carestía asoló a Italia, produciendo una gran hambruna. Todos los días la muerte cobraba innumerables víctimas. Para socorrerlas, Emiliano vendió hasta sus propios muebles y transformó su casa en hospital.
Al hambre le sucedió una enfermedad contagiosa, que nuevamente causó muchas víctimas. Jerónimo fue alcanzado tan fuertemente por la enfermedad, que llegó a recibir los últimos sacramentos. Pero pidió a Dios la salud para poder, mediante una penitencia más amplia, reparar su vida pasada.
El hambre y la peste habían dejado un gran número de huérfanos, que vagaban por las calles, reducidos a la mendicidad y expuestos a los peores vicios. El Santo comenzó a recogerlos en una casa que había comprado para ese fin. Buscó maestros para enseñar a los desamparados algún oficio. También se preocupaba por la salud de sus almas.
Ya en ese tiempo había recibido la ordenación sacerdotal.
En Bérgamo, el Santo se propuso también reconducir hacia el buen camino a las mujeres perdidas e hizo cerrar las casas que servían para su libertinaje.
Viendo el bien que el Santo hacía, el Senado de Venecia le ofreció la dirección del hospital de los incurables, lo que Jerónimo aceptó de muy buen grado. Nuevamente, una terrible peste afligió a Bérgamo, cobrando innumerables víctimas. Hacia allá acudió Jerónimo Emiliani con el mismo ardor de siempre.
Contrajo también la peste y vio que sus días estaban contados. Alegre, repetía con San Pablo: “Quiero la muerte, para vivir con Cristo”.
El 8 de febrero de 1537 entregó su alma a Dios.

Quinto Concilio de Letrán, año 1512.

Convocado por León X, tuvo como tema central la reforma de la Iglesia.
Martin Lutero: El año 1517 publicó sus 95 tesis contra la frivolidad en que vivía gran parte del clero y la indulgencia a los creyentes mediante el tráfico puramente mercantil. En 1520 fue excomulgado.

Negociado de los Esclavos
Entre 1518 a 1650 los Españoles y Portugueses llevan alrededor de 500.000 esclavos de África a América.