1541. Nuestra Señora de Ocotlán

23.SantuarioVirgenOcotlan

El año 1541 una devastadora plaga asolaba la zona de Ocotlán.
El indio Juan Diego Bernardino, que servía con los religiosos y cuidaba los enfermos, subía al cerro San Lorenzo y se adentró en un bosque de ocotos. De repente se le presentó la Virgen Santísima, quien, con amabilidad, le dijo:
“Dios te salve, hijo mío, ¿a dónde vas?”
Juan Diego muy sorprendido con la aparición, dijo: “Llevo agua del rio para mis enfermos”.
La Madre de Dios le invitó a que le siguiera.
“Ven conmigo, yo te daré otra agua con la que se extinguirá el contagio y sanará los que beban de ella, porque mi Corazón está siempre dispuesto a favorecer a los desvalidos”.
Juan Diego, que conocía bien la zona, nunca había visto ningún manantial por allí, pero humildemente siguió a Nuestra Señora hasta una quebrada del cerro donde ella le mostró la fuente de Agua Santa.
“Tomad de esta agua cuanta queráis, seguros de que con el contacto de la más pequeña gota, los enfermos sentirán no solo alivio, sino perfecta salud.”
Juan Diego, obediente, llenó su cántaro con el agua milagrosa y siguió su camino a la aldea de Xiloxoxtla. Allí suministró el agua a los enfermos de la peste y todos recobraron la salud rápidamente. La Virgen le había ordenado: “Avisa a los religiosos que en este sitio hallarán una imagen mía, que por ella prodigaré mis piedades y clemencias, la que una vez hallada, quiero que sea colocada en la capilla de San Lorenzo”.
Los religiosos cuestionaron la veracidad de lo dicho por Juan Diego, no obstante fueron al lugar del suceso. Llegando allí, ya de noche, quedaron asombrados por el prodigio que contemplaban: Los árboles ardían con grandes llamaradas sin consumirse. De ahí el nombre de Ocotlan, el ocote que arde.
Llamó la atención un gran árbol, al que le pusieron una señal antes de regresar al convento. Al día siguiente, volvieron al lugar y abrieron con un hacha el ocote señalado. Encontraron, para su asombro, que en el corazón de aquel árbol había una preciosa talla de la Inmaculada Virgen María.
Llevaron la imagen a la capilla y la colocaron en el lugar de la imagen de San Lorenzo. Esto no le gustó al sacristán, quien sacó la Virgen y colocó de nuevo a San Lorenzo, pero a la mañana siguiente, la imagen de la Virgen se encontraba en el lugar de San Lorenzo. Esto aconteció varias veces. Al final el sacristán se cansó y dejó a la imagen de Nuestra Señora en el lugar privilegiado del templo, donde antes estaba San Lorenzo.

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