Año 1558. Nuestra Señora del Valle de Gerosa

26.madonnadeGerosa

El 2 de julio de 1558, dos niñas, después de pasar todo el día en el cuidado de sus animales, de orar y hacer ejercicios de piedad, sienten mucha sed, pero no tienen agua y no pueden abandonar a su rebaño. Para decidir qué hacer, se ponen de rodillas y comienzan a orar. Estando ambas devotamente inmersas en la oración, la Virgen se les aparece. La Santísima Virgen les presiona las manos y las conforta con su sonrisa celestial, indicando a las muchachas una veta de agua pura que fluye de sus pies y las invita a refrescarse. Luego les pide anunciar a los habitantes de la aldea de su voluntad: Que en ese lugar se construya una iglesia. Como prueba de su aparición pide a las niñas mostrar la fuente a todos los lugareños y a continuación se despide afirmando que dentro de ocho días las recogerá para entrar en el paraíso.
La gente queda sorprendida por la fuente y especialmente por la profecía de la muerte prematura de las dos niñas. Piensan levantar el edificio en una cima no muy lejos del lugar de la aparición, a fin de que el santuario domine el valle. Pero la mano celestial cambia una vez más la historia: Habían llevado los materiales necesarios para construir la iglesia sobre la colina, pero en la mañana, en la que deberían empezar las obras, los trabajadores llegaron al lugar y no encontraron ningún material. El templo fue levantado finalmente en el lugar que la Virgen quería.
A la primera aparición le sigue una segunda en el año 1630, año de una cruda epidemia, que al igual que en la Lombardía, se está propagando en el valle Brembilla.
La Virgen aparece, esta vez en un sueño, a otra niña, cuyo nombre es Diana Locatelli, residente de la localidad de Bura.
La Virgen pide a la niña, que dé anuncio, de que los que fueran a honrarla en su santuario, no resultarían infectados por la enfermedad. La noticia corre de boca en boca y los lugareños van en procesión al santuario.
La eficacia de esta promesa de María Santísima fue probada en un modo especial en tres ocasiones diferentes, en 1836, en 1849 y en 1865 cuando la enfermedad del cólera se acercaba a Gerosa, entonces ha derramado desde su santuario la gracia de ser preservada de enfermedades y desastres.