1594. Nuestra Señora del Buen Suceso

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El 2 de febrero de 1594, en el Convento de la Inmaculada Concepción de Quito, la madre Mariana Jesús Torres estaba suplicando fervientemente a Jesús y María, por el alivio de las severas pruebas del Convento y la prevención de los muchos pecados. Durante la larga oración oyó una dulce voz, llamándola por su nombre. Era la Santísima Virgen María con el Niño Jesús en su brazo, que le dijo:
“Yo soy María del Buen Suceso, la Reina del Cielo y la Tierra. Como su madre, llevo al Niño Jesús en mi brazo izquierdo, de modo que juntos podamos frenar la mano de la Justicia Divina, que está siempre dispuesta a castigar a este infortunado y criminal mundo. En la diestra llevo el báculo con el deseo de gobernar este Convento como abadesa y madre.
“Satanás comenzará a tratar de destruir esta obra de Dios, pero no tendrá éxito, porque soy la Reina de las Victorias y la Madre del Buen Suceso. Es bajo esta invocación que deseo ser conocida en todo tiempo”.
La Santísima Virgen María coloca, por un instante, al Niño Jesús en los brazos de la Madre Mariana, dándole un fuerte deseo de sufrir como alma víctima.