Año 1608. Aparición de Nuestra Señora de Siluva

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La primera iglesia en Siluva se fundó en 1457, cuando el noble, Petras Gedgaudas, donó a la Iglesia Católica el terreno y los medios para construir un templo en honor de la Virgen. En un viaje a Roma compró una magnifica pintura de la Virgen María. Trajo el cuadro a Lituania y lo puso en la nueva iglesia de Siluva.

En 1532, la Reforma Protestante llegó con fuerza y rapidez a Lituania. El entonces gobernador local se hizo calvinista y en las décadas siguientes, muchas iglesias católicas fueron confiscadas y cerradas.
En aquellos años, el párroco de Siluva, escuchando lo que sucedía, envolvió cuidadosamente la pintura de la Virgen, junto con otros objetos sagrados y los enterró cerca de una roca grande.
Pasados los 80 años, los fieles católicos sin pastor ni guía, habían ido desapareciendo gradualmente. Los niños crecían en el credo calvinista, cuando en 1608 ocurrió una aparición de la Virgen, llamándolos a volver a la verdadera adoración de Su Divino Hijo. El más antiguo testimonio, puesto por escrito en 1651, lo cuenta así:
“Unos pastorcitos de los alrededores, mientras cuidaban su rebaño cerca de una gran roca, repentinamente, uno después del otro, se quedaron quietos, mirando fijamente en la dirección de la gran piedra. En el silencio pudieron oír un fuerte llanto. Entonces los niños vieron a una mujer joven, hermosa, que estaba parada sobre la roca y sostenía un bebé en sus brazos. Una luz extraña rodeaba a la Mujer y al Niño. Ella lloraba amargamente. Tan profusas eran las lágrimas que rodaban por sus mejillas y salpicaban sobre la roca. Ella no habló, pero los miró con gran tristeza.
Tan asombrados estaban los niños que no podían hablar. El asombro pronto dio paso al miedo, cuando la mujer desapareció con su bebé, tan misteriosamente como había aparecido.
Uno de los muchachos fue corriendo donde el pastor calvinista de Siluva y le contó lo que habían visto. Él se acercó al lugar con otro pastor. Los dos también vieron a la joven mujer y le preguntaron: ”Por qué llora usted?” Con una voz llena de dolor, Ella contestó:
“Había una época en que mi amado Hijo era adorado por Mi pueblo en este mismo lugar. Pero ahora han dado este sagrado suelo al arado, a la siembra y a los animales de pasto”. Sin otra palabra, ella desapareció.
La noticia sobre la Aparición se difundió con rapidez. El obispo católico mandó a un canónigo para investigar lo ocurrido. Intentó localizar el sitio exacto de la antigua iglesia y los documentos acerca de su fundación, como recurso para poder recuperar la propiedad. Llevaron al campo al único que sabía dónde estaba enterrado el baúl, un anciano ciego, antiguo sacristán de la primitiva iglesia católica. Unos ochenta años atrás, él había ayudado al párroco a enterrar el baúl con los tesoros de la iglesia, junto a una gran roca. Los aldeanos lo condujeron al campo de las apariciones y tan pronto que llegó al lugar, su vista fue restaurada milagrosamente. Cayendo de rodillas con alegría y gratitud, él señaló el lugar exacto donde el cofre había sido enterrado”.
Al final se logró la devolución del terreno en Siluva a la Iglesia Católica y se construyó una capilla sobre la piedra de la aparición.
La aparición de la Virgen de Siluva fue reconocida por un Decreto Papal y se destaca no solamente por su antigüedad, sino también por ser probablemente la única en que María ha dirigido su mensaje a cristianos no católicos.