Año 1615. Nuestra Señora de la Ayuda, Barcelona

38.virgen de la ayuda

El año 1616 entraba en la ciudad de Barcelona una pobre mujer, cargada con un haz de leña en la cabeza. Cuando llegó frente al sitio donde está hoy la iglesia, se sintió tan abrumada por el cansancio, que se vio obligada a descansar, colocando el haz en el suelo. Repuesta ya de la fatiga, se levantó para seguir su camino. Pero al querer tomar de nuevo su carga, no pudo levantarla, a pesar de todos sus esfuerzos. De improviso el haz de leña había aumentado mucho de peso. Entonces, ella se dirigió a una cercana fábrica de lanas para pedir ayuda. Algunos obreros fueron a cerciorarse y auxiliar a la mujer. Grande fue su extrañeza y confusión al verse burlados e impotentes por no poder levantar, ni siquiera mover de su sitio aquel haz de leña.

Entonces, creyendo que se trataba de algún engaño, cortaron las cuerdas y, apartando los troncos, vieron con gran asombro una preciosa imagen de Nuestra Señora con el Niño Jesús.
Repuestos de la grata sorpresa interrogaron a la mujer, no menos maravillada que ellos. No cabiéndoles duda de la verdad y sinceridad de sus palabras, atribuyeron el caso a merced del Cielo. Dieron gracias a Dios y a la Santísima Virgen de que por modo tan prodigioso, les diesen a conocer su voluntad de que María había escogida aquél dichoso lugar para trono de sus misericordias.
El hallazgo fue canónicamente autenticado en el archivo del santuario en 1616.
¿Por qué “Virgen de la Ayuda”?
Una madre tenía un hijo preso hacía varios años, Éste no lograba hacer valer su inocencia delante de los jueces. Recluido en la cárcel, soportaba cadenas en las manos y en los pies. Su madre, con gran fe y confianza, no cesaba de pedir a la Virgen que le ayudara a recuperar a su hijo.
Un día, mientras rogaba a la Virgen, con más fervor que de costumbre, le concediera esta gracia, vió venir hacia ella a su hijo. Admirada y llena de gozo, lo abrazó mientras le preguntaba: ”¿Quién te ha traído hijo mío, cómo has recobrado la libertad?” El joven, señalando la imagen de la Virgen en el altar, respondió:
“Ésta misma Señora me ha sacado las cadenas y me ha guiado hasta aquí”.
Desde ese día, la imagen de la Virgen recibió el nombre de “Nuestra Señora de la Ayuda”.
Así transcurrieron algunos años. La devoción a la Virgen seguía creciendo. Se cuenta que entre sus devotas había una buena mujer, cuyo hijo, para su desgracia, cayó en manos de unos piratas argelinos. Según las crónicas antiguas, los piratas mantenían a sus prisioneros encerrados en muy penosas condiciones, hasta que recibían rescate por ellos y si no era así, les quitaban la vida.
Aquella mujer era pobre y su esperanza de volver a ver a su hijo con vida no la abandonó. Llena de confianza no cesaba de rogar a la Imagen para que ésta le devolviera al hijo. Fue así que un día, éste se presentó, harapiento y todavía con cadenas, delante de su madre. La alegría de la madre fue enorme. Entre besos y abrazos, ésta le preguntó cómo había llegado a casa. Él le respondió:
“La imagen bendita de Nuestra Señora a la que, recordando tu fervor, yo rezaba. Ella es la que me ha dado fuerzas para huir”.
Entonces la madre corrió a las casas de los vecinos, gritando: ”Milagro, milagro, Nuestra Señora me ha ayudado, vengan y vean a mi hijo que está en casa. Vengan a dar millones de gracias a Nuestra Madre y Libertadora”.
Todos los vecinos, maravillados ante tal gracia, decidieron edificar una capilla y colocar la imagen en el altar.

Guerra de los 30 años, 1618-1648.

La guerra de los treinta años fue librada en la Europa Central, principalmente en Alemania. Intervinieron la mayoría de las potencias europeas de la época. Aunque inicialmente se trataba de un conflicto religioso entre Estados partidarios de la Reforma Protestante y la Contrarreforma, dentro del propio “Sacro Imperio Romano Germánico”. La intervención paulatina de las distintas potencias europeas, convirtió el conflicto gradualmente en una guerra general por toda Europa. La guerra llegó a su fin con la “Paz de Westfalia” y la “Paz de los Pirineos”.
El mayor impacto de este conflicto fue la devastación de territorios enteros.
Se estima que murieron entre 3 500 000 a 4 500 000 personas.