Año 1710. Rosa Mística de Cormons

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En el año 1710 Francisco Regola confeccionó una estatua de la Virgen con madera y papel maché , que le fue encargada por la noble Orsola de la Grotta, para sus alumnos de catecismo. La Noble se quejó, porque consideró que la estatua no fue bien confeccionada y el escultor se disculpaba diciendo:

“Esté tranquila señorita, usted verá que mi estatua, con todos los defectos que le encuentra, no pasará mucho tiempo y hará milagros”.

En 1714, algunos jóvenes, por iniciativa de Orsola, formaron una pequeña comunidad. Su nombre fue “Hermanas de la Caridad de la Doctrina Cristiana.”

En 1737 la Virgen llora en Cormons. Algunas muchachas estaban, como todas las mañanas, orando ante el altar, antes de ir a clases.

De pronto se escuchó un grito y una llamada repetida e insistente a la maestra:
“¡Hermana Julia, venga, venga a ver!”

Cuando la profesora llega, , ve una cosa maravillosa: Desde el brazo derecho de la estatua y de la mano bajan densas gotas como de sudor. Son todas tan grandes que se pueden contar y son tantas que humedecen el velo y el vestido.

La noticia se esparce y empiezan a llegar monjas, sacerdotes y toda la gente del pueblo. De inmediato se nombró una comisión para examinar el fenómeno. El Superior de las Hermanas, Sertorio Barón de Mestre, es el primero, devoto y respetuoso, en examinar de cerca la estatua que sigue sudando durante 15 días.

Tras un examen minucioso y riguroso, constata la realidad objetiva del hecho y concluye que es de causa inexplicable. Teniendo en cuenta las primeras curaciones sensacionales, la declaración fue:
“Aquí está la mano de Dios. Hermanas y Sacerdotes, guardan las preciosas telas de lino mojados por el sudor.”

La misma noche del 17 de enero de 1737, la Madonna curó a Leonardo Cochar, que dejó sus muletas para siempre a los pies de la Virgen.

El 21 de marzo del mismo año, Marianna Cipriani, una niña de nueve años, mientras estaba en oración ante la estatua de María, la ve iluminarse por encima de ella y cuenta que su rostro se convertía más bello que el sol y de los ojos salían como destellos de luz viva. Marianna se inunda de dulzura. La Virgen la miró y sonreía. Así dos veces. Al final, el esplendor cesó y la estatua de la Virgen quedó como al principio.

De la “Memoria Histórica” se extraen solo algunas de las muchas gracias que otorgó y concedió la Virgen Santísima de Cormons:
Mujer liberada de una úlcera que le tenía postrada.
Cojera del pie, curada repentinamente.
No se puede mover por una caída mortal, sanada.
A joven atrasado mental se le recompone el cerebro.
Señora liberada de dolor intolerable, pocos minutos después de aplicar una partícula de la ropa empapada del sudor prodigioso, sanó.