1822. La Virgen de Tinos, Grecia

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El 9 de julio de 1822, en el Monasterio de la “Madre de Dios de los Santos Ángeles”, una monja piadosa, llamada Pelagia, tuvo un sueño. Fue alcanzada por un olor a flores muy fuerte, vio la puerta de su celda abrirse y una Señora, con un paso imponente, rodeada por una gran luz, entra y se acerca a la cama. 

“Levántate y ve a buscar rápidamente a un hombre llamado Stampatello Caldani, y dile de mi parte que no puedo soportar más el lugar donde estoy hace tantos años. Que excave en la finca de Antonio Doxara y construya una casa nueva”.

Dicho esto, la mujer desapareció. Pelagia se levantó, pero no reveló su sueño, por temor a que fuera una ilusión.

Una semana más tarde, en la noche del 16 de julio, la misma mujer, rodeada de luz, se apareció de nuevo a la monja y le reiteró con insistencia su deseo. Pegalia no sabía qué hacer. El domingo 23 de julio, la mujer desconocida se le apareció de nuevo y le dijo con severidad:
¿” Por qué no has seguido mi orden y estas dudosa. Por qué no tienes fe”?
Ante estas palabras la monja Pelagia comenzó a temblar y despertó presa de miedo. Ya despierta, ve a la señora que de repente levanta la mano y le dice: “Escucha por última vez, Pelagia: si no haces lo que he pedido, borraré tu nombre del libro de la vida”.

La monja, más asustada que nunca, tuvo el coraje de preguntarle:
“¿Pero usted quien es que me da órdenes para hacer estas cosas y esta tan enojada conmigo?”
Entonces la Señora, con gran gracia, señala con el dedo todo el mundo y dijo en voz baja: “Tierra, anuncia una gran alegría”.
La monja Pelagia cayó de rodillas, y tuvo sólo fuerza para continuar el “Megalinario”, himno de la IX oda del canon de la fiesta de la Anunciación:
“Celebran, los cielos, la Gloria de Dios”.
Después de la misa, le contó de la visión a la abadesa y al capellán. Estos, sin saber qué hacer, la envían al Metropolita Gabriel. El obispo de Tinos, que ya había tenido otros dos signos, escuchó a la monja con gran interés. Ahora estaba convencido de que en el campo de Doxara estaba ubicada una antigua iglesia con un ícono de la Virgen. Decidió hacer todo lo posible para encontrarla y para construir una nueva iglesia, según lo solicitado por la Madre de Dios.

Las excavaciones comenzaron en septiembre de 1822 y continuaron durante dos meses sin interrupción, hasta que salieron a la luz las ruinas de una antigua iglesia y el resto de un pozo seco, pero no el ícono.

La búsqueda se paralizó, pero inmediatamente cayó sobre la ciudad una peste que fue interpretada como un aviso de que debían seguir buscando.

La búsqueda continuó hasta el 30 de enero 1823, cuando el trabajador Vlassi chocó con su azadón con algo que se partió en dos: Era el ícono.
Una vez limpio y recompuesto, se dan cuenta que era un ícono de la “Anunciación de la Madre de Dios”, como dio a entender María, que permaneció escondido en el suelo durante casi ochocientos años.

Año 1829 Inglaterra ocupa a Australia como colonia de sus Condenados

Año 1830 Los Mormones:

En 1830. Josef Smith, norteamericano, publica “El Libro Mormón”. La secta se organizó bajo la presidencia de Smith, asistido por un “Consejo de doce Apóstoles”. Actualmente la “Iglesia de los Santos de los Últimos Días” cuenta con adeptos en casi todo el mundo.